Desde la última década
del pasado siglo, asistimos con alegría inocultable a la resurrección entre
nosotros del gran poeta Gastón Baquero - Banes, 1914,Madrid 1997-. Ahora,
disfruto de una selección de su periodismo cultural, escrito y publicado por él
en El
Diario de la Marina y la revista Grafos. La selección, hecha y firmada
por Carlos Espinosa Domínguez, en Misissipi, 2113, es, como suya,
excelente.
Demos esto por sentado
y pasemos a otras consideraciones, derivadas de la jugosa lectura de este Paginario
Disperso, publicado en La Habana por Ediciones Unión.
Lo primero que se nos
impone es la diferencia abismal entre aquel periodismo cultural y el que
venimos padeciendo desde entonces. No me refiero precisamente a la prensa
diaria, obligada a una propaganda rastrera. Las revistas especializadas, como El Caimán, La Gaceta o la Revista Casa,
no ostentan jamás el nivel que Baquero le entregaba a la edición cotidiana del Diario.
Otro rasgo que me ha
enganchado a este Libro es la generosidad que el Poeta derrocha en las
presentaciones de sus contemporáneos. Es cierto que Honrar, honra, pero lamentablemente los reconocimientos y elogios
que prodigó Baquero parecen haber caído en desuso entre nosotros.
Se estila hoy un tipo
de reseña sonsa, enigmática, que el aventurado lector debe releer para
percatarse de la intención del crítico, y . a menos que se trate de un
espaldarazo amistoso, a menudo ni siquiera se saca eso en claro. A lo sumo, te
convences de que el reseñista es muchísimo más culto que el autor criticado. Hay un mandamiento obligatorio: No
elogiarás a tu prójimo.Eso ya no
se usa.
Gastón nos trae de
vuelta a poetas como el impecable Mariano Brull, autor muy significativo para
nuestra poesía en la primera mitad del pasado siglo XX, pues integra junto al
manzanillero José Manuel Poveda y el guantanamero Regino Boti el trío de
autores que pulsaron la finísima lira, tibia aún de los ensangrentados labios
de Casal.
Sigue adelante,
celebrando los logros de Emilio Ballagas, la novela Jardín de Dulce María Loynaz. Reacciona maravillado ante la
publicación de La Fijeza, un nuevo libro de José Lezama Lima. Leyendo estas
páginas, se siente inevitable envidia de aquella Habana Literaria que no pudimos compartir. Asimismo, se cobra
conciencia del irrecuperable daño cultural que nos perpetraron al privarnos
impunemente del contacto vital con estos , nuestros grandes maestros. Agravado,
en el caso de Gastón Baquero por el estigma de batistiano y católico.
A propósito de esto,
debo hacerle llegar mis excusas, tardías pero
sentidas, al escritor y crítico José Prats Sariol, uno de los primeros
intelectuales involucrados en el rescate del poeta Baquero. En el verano del
93, ofreció Prats una conferencia en la habanera Escuela de Letras, preludio de
la audición de una serie de poemas grabados por el Poeta en Madrid. Como
colofón, Prats accedió a contestar algunas preguntas. Yo estaba entre el
público, disfrutando aquella jugosa primicia. Entonces, nadie era periodista
independiente, y no pensaba formular ninguna pregunta, pero, a mis espaldas,
dos jóvenes cuchichearon algo acerca de la salida del País del Poeta, y pensé
que, si estábamos recuperándolo, entonces no tenía sentido ocultar su realidad
política y enseguida levanté mi mano y le pedí al Conferencista que hablase un
poco de esa faceta de Baquero, a quien yo
había conocido primero como político de Batista.
Prats Sariol contestó
de inmediato, sin acritud, diciéndome, con razón, que el interés de la
actividad era el Poeta, y que no parecía pertinente entrar en ese ángulo,
irrelevante para el aprecio de su obra. Entonces, intervino muy molesto el
poeta Cintio Vitier, quien acompañaba al Conferencista en la mesa, y me acusó
de intentar sabotear la presentación por traer a colación ese detalle de la
biografía del homenajeado.
Yo me defendí cómo
pude, porque esa no había sido mi intención, pero temo que no pude mucho, dado
el desnivel jerárquico entre el advenedizo que siempre he sido y el Príncipe de las Letras que fue y sigue siendo
Cintio. Así se dio por terminada aquella inolvidable Lección de Poesía.
Rogelio Fabio Hurtado
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