martes, 30 de junio de 2015

La Resurrección del Poet


Desde la última década del pasado siglo, asistimos con alegría inocultable a la resurrección entre nosotros del gran poeta Gastón Baquero - Banes, 1914,Madrid 1997-. Ahora, disfruto de una selección de su periodismo cultural, escrito y publicado por él en El Diario de la Marina y la revista Grafos. La selección, hecha y firmada por Carlos Espinosa Domínguez, en Misissipi, 2113, es, como suya, excelente.
Demos esto por sentado y pasemos a otras consideraciones, derivadas de la jugosa lectura de este Paginario Disperso, publicado en La Habana por Ediciones Unión.
Lo primero que se nos impone es la diferencia abismal entre aquel periodismo cultural y el que venimos padeciendo desde entonces. No me refiero precisamente a la prensa diaria, obligada a una propaganda rastrera. Las revistas especializadas, como El Caimán, La Gaceta o la Revista Casa, no ostentan jamás el nivel que Baquero le entregaba a la edición cotidiana del Diario.
Otro rasgo que me ha enganchado a este Libro es la generosidad que el Poeta derrocha en las presentaciones de sus contemporáneos. Es cierto que Honrar, honra, pero lamentablemente los reconocimientos y elogios que prodigó Baquero parecen haber caído en desuso entre nosotros.
Se estila hoy un tipo de reseña sonsa, enigmática, que el aventurado lector debe releer para percatarse de la intención del crítico, y . a menos que se trate de un espaldarazo amistoso, a menudo ni siquiera se saca eso en claro. A lo sumo, te convences de que el reseñista es muchísimo más culto que el autor criticado.  Hay un mandamiento obligatorio: No elogiarás a tu prójimo.Eso ya no se usa.
Gastón nos trae de vuelta a poetas como el impecable Mariano Brull, autor muy significativo para nuestra poesía en la primera mitad del pasado siglo XX, pues integra junto al manzanillero José Manuel Poveda y el guantanamero Regino Boti el trío de autores que pulsaron la finísima lira, tibia aún de los ensangrentados labios de Casal.
Sigue adelante, celebrando los logros de Emilio Ballagas, la novela Jardín de Dulce María Loynaz. Reacciona maravillado ante la publicación de La Fijeza, un nuevo libro de José Lezama Lima. Leyendo estas páginas, se siente inevitable envidia de aquella Habana Literaria que no pudimos compartir. Asimismo, se cobra conciencia del irrecuperable daño cultural que nos perpetraron al privarnos impunemente del contacto vital con estos , nuestros grandes maestros. Agravado, en el caso de Gastón Baquero por el estigma de batistiano y católico.
A propósito de esto, debo hacerle llegar mis excusas, tardías pero  sentidas, al escritor y crítico José Prats Sariol, uno de los primeros intelectuales involucrados en el rescate del poeta Baquero. En el verano del 93, ofreció Prats una conferencia en la habanera Escuela de Letras, preludio de la audición de una serie de poemas grabados por el Poeta en Madrid. Como colofón, Prats accedió a contestar algunas preguntas. Yo estaba entre el público, disfrutando aquella jugosa primicia. Entonces, nadie era periodista independiente, y no pensaba formular ninguna pregunta, pero, a mis espaldas, dos jóvenes cuchichearon algo acerca de la salida del País del Poeta, y pensé que, si estábamos recuperándolo, entonces no tenía sentido ocultar su realidad política y enseguida levanté mi mano y le pedí al Conferencista que hablase un poco de esa faceta de Baquero, a quien yo había conocido primero como político de Batista.
Prats Sariol contestó de inmediato, sin acritud, diciéndome, con razón, que el interés de la actividad era el Poeta, y que no parecía pertinente entrar en ese ángulo, irrelevante para el aprecio de su obra. Entonces, intervino muy molesto el poeta Cintio Vitier, quien acompañaba al Conferencista en la mesa, y me acusó de intentar sabotear la presentación por traer a colación ese detalle de la biografía del homenajeado.
Yo me defendí cómo pude, porque esa no había sido mi intención, pero temo que no pude mucho, dado el desnivel jerárquico entre el advenedizo que siempre he sido y el  Príncipe de las Letras que fue y sigue siendo Cintio. Así se dio por terminada aquella inolvidable Lección de Poesía.
Rogelio Fabio Hurtado     

    

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